La gestión del ego, clave en la autoestima

Desde MA Psicólogos, especialistas en niños, adolescentes y adultos, vamos a abordar la gestión del ego, haciendo énfasis en los posibles daños que causa a través de la comparación.

El ego no es otra cosa que una valoración excesiva de uno mismo. Esta valoración puede traernos aspectos positivos, como un extra de confianza para intentar algo, rechazar aquello que uno no quiere… pero a la vez puede traernos cosas negativas como creernos más que otros, comparaciones constantes…

Y es que, centrándonos en ese aspecto negativo relativo a la comparación, el ego puede producirnos principalmente un sentimiento de superioridad o de inferioridad. Ya bien sea en lo familiar, laboral, en nuestras amistades o en nuestras relaciones de pareja, este aspecto puede influir de forma determinante. Esa comparación constante va a ir acompañada de molestia o incluso dolor, porque evidentemente no siempre vamos a estar del lado de la superioridad, y en ocasiones nos veremos en peor lugar. Ya bien sea comparando resultados, contactos, retos o personas, esa comparación va a terminar desembocando en mostrar alguno de nuestros miedos que a priori podíamos desconocer.

La influencia en la autoestima y confianza

Miedo a no gustarse a uno mismo, a no ser lo que uno quiere, a pensar que no va a encontrar a nadie, a no estar a la altura de los demás… El miedo ligado al ego supone una fractura en la autoestima, y esto repercute a todos los niveles de confianza y seguridad.

Es normal tener dudas, y muy positivo conocer aquellas facetas personales que podrían mejorarse. Es el camino para poder avanzar. Sin duda resulta muy complicado mejorar en algo que consideramos que hacemos a la perfección. Así pues, parte de que nuestro ego no termine por dañar todos los aspectos que estamos comentando pasa por aceptar ciertas situaciones y momentos vitales, tratando de no compararse con los demás, sino con la trayectoria de uno mismo. Esa es la clave para poder buscar la mejoría, el ver en uno mismo los cambios que se van produciendo, a través de la autocrítica (siempre positiva) y con perspectiva para el futuro.

Aceptar todo esto supone un plus para fomentar que puedan surgir cambios personales, pero sobre todo supone no machacarnos constantemente con comparaciones odiosas con terceras personas que, realmente, no sabemos en qué situación se encuentran, ya que estamos dando por supuesto. De este modo sería increíblemente positivo gestionar nuestro ego de una forma saludable, porque como hemos visto, puede repercutir en más aspectos de los que podíamos creer en un primer momento. ¿Te atreves a intentarlo?

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