La proyección de uno mismo hacia los demás

Desde MA Psicólogos, especialistas en niños, adolescentes y adultos vamos a hacer una pequeña reflexión acerca de la importancia de lo que mostramos a los demás sobre nosotros mismos, esto es, lo que proyectamos.

En la gran mayoría de las ocasiones, si nos preguntan cualidades positivas y negativas de un ser cercano a nosotros, no tardaremos en contestar, ya que tenemos clara la respuesta. Sabemos cómo son nuestros padres, hermanos, pareja… El problema suele comenzar cuando la pregunta va encaminada a cómo somos nosotros mismos.

No todos los días nos levantamos preguntándonos cómo somos, o cuáles son nuestras virtudes y defectos, y en definitiva, terminamos por no tener muy claras nuestras cualidades. Esto afecta fundamentalmente a la claridad con que nos valoramos, a nuestra autoestima y autoconcepto, la imagen que tenemos acerca de nosotros mismos. Si bien nos cuesta hacer una revisión profunda para valorar nuestras cualidades, solemos tener más claro lo que mostramos a los demás, o cómo somos con el resto. Esto es lo que proyectamos a las demás personas.

Cuando tratamos de buscar similitudes entre lo que consideramos que somos y lo que mostramos, es cuando comienza realmente el análisis clave. Puede ocurrir que nos mostremos a los demás tal y cómo nos consideramos que somos, aunque esto suele ser lo menos común. Lo más habitual en este análisis es ver, que gran cantidad de nuestras cualidades, no son mostradas abiertamente a los demás, y realmente mostramos otras, ya bien sea para defendernos, por temor a ser juzgados o atacados, vergüenza a mostrar nuestro verdadero yo… Siempre nos vamos a mostrar algo distintos dependiendo del contexto, no somos los mismos en la escuela con los profesores, que con los amigos, que en familia, con la pareja… Pero está claro que cuanto menor sea la discrepancia en ello, más cómodos vamos a estar con nosotros mismos. Cuando el salto es enorme en los distintos escenarios, al final, no estamos siendo fieles a quienes somos de forma real.

Todo ello nos lleva a pensar que, si en realidad tenemos unas buenas virtudes, ¿por qué no las estamos mostrando? Aquí entra un factor extra, la confianza. Muchas personas alegan que sólo se muestran  al 100% cuando están cómodos para hacerlo, cuando se sienten seguros. La siguiente pregunta importante es: cuando te muestras tal y cómo eres… ¿sueles ser aceptado y valorado? Paradójicamente la respuesta más habitual suele ser sí. Resulta que cuando nos mostramos tal y como somos solemos ser más y mejor aceptados que cuando tratamos de protegernos y camuflarnos. Es evidente que no podemos gustar a todo el mundo, es algo básico aunque no nos guste. Pero lo que sí podemos hacer es tratar de mostrar nuestras virtudes sin miedos ni inseguridades, siendo conscientes a la vez de que todos tenemos puntos más débiles que debemos conocer y trabajar para mejorar.

Cuando nos mostramos a los demás, y proyectamos nuestra verdadera personalidad, en el fondo estamos facilitando las relaciones sociales, no sólo a nosotros mismos, sino también a los demás, ya que no tendrán que estar descifrando si lo que ven es en realidad lo auténtico o no. Mostrarse tal y como uno es no es tan sencillo como parece a priori… ¿te atreves a intentarlo?

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