Nuestros hijos han de cumplir su sueño, no el nuestro

Desde MA Psicólogos, especialistas en niños, adolescentes y adultos vamos a abordar el importante asunto de no “obligar” a nuestros hijos a cumplir nuestro sueño frustrado.

Es evidente que todos los padres quieren lo mejor para sus hijos. Eso incluye unos buenos estudios, una buena profesión, una familia… de modo que en algunas ocasiones, esos deseos positivos, fomentan la dirección adecuada para guiar a los hijos, pero cuando esto se lleva a un nivel de querer cumplir sueños propios en la descendencia… puede ser peligroso.

Tan importante puede llegar a ser aconsejar o guiar como entender la voluntad y deseos de los hijos sobre su futuro. No olvidemos, que ciertamente cada uno tiene que vivir su vida, aunque la dirección que lleve no sea la más adecuada desde otro punto de vista.

En este caso nos referimos a aquellos padres que desean cumplir con aquel sueño frustrado (jugador profesional de fútbol, pianista, médico…) y se olvidan de los intereses y voluntades de sus hijos. Esto lleva a presionar una y otra vez a sus hijos con el objetivo de que se cumpla lo soñado. En este proceso se pierde la perspectiva y tan sólo se valora alcanzar la meta.

Dependiendo de la personalidad de los hijos, este camino se desarrollará de una manera u otra, pero de cualquier forma, esa presión extra no es una ayuda muy efectiva. Si al hijo le gusta la actividad en sí, las cosas pueden ir mejor, pero en el fondo se desarrollará un sentimiento de responsabilidad, de sentirse juzgado y de miedo a fallar muy contraproducente. Qué decir si la actividad no es del agrado del hijo. En este caso se puede llegar a producir un profundo rechazo por la misma, y no sólo eso, por los padres.

Vivir lleva consigo la responsabilidad de cometer errores y tomar decisiones equivocadas

Claro que hay que tratar de minimizar esto, pero cada individuo debe tomar sus decisiones. Así es el principio de libertad. Los padres, no deben temer esto, simplemente deben haber participado en una educación que ayude en esos momentos determinantes a tomar las mejores decisiones. Haber fomentado la confianza necesaria para que en caso de duda se pida consejo o ayuda. Guiar o aconsejar no es mandar. Respetar los gustos y vocaciones es un gesto de tolerancia, y apoyar en todo esto generará mejores relaciones familiares y resultados profesionales.

Que cuando echemos la vista atrás agradezcamos a nuestros padres su apoyo y educación y no tengamos que lamentarnos por no haber podido llevar la vida deseada. Depende de todos nosotros.

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