Cómo afrontar un fracaso

Desde MA Psicólogos, especialistas en niños, adolescentes y adultos hoy vamos a abordar la importancia de concebir y aceptar el fracaso y los errores como parte de la vida.

El fracaso, los errores… evidentemente no son una parte grata de nuestras vidas, pero están ahí. ¿Quién no ha cometido un error? ¿Quién no ha fracasado en alguna ocasión? Parece que nadie está libre de ellos, y por tanto es muy importante cómo los encaremos, porque no sólo dependerán los resultados que vayamos a obtener sino nuestro bienestar emocional.

En muchas ocasiones tenemos miedo a fallar, miedo a fracasar, y esto no sólo nos afecta a esa parte de “miedos”, sino también a restringir nuestros intentos para lograr algo y por tanto nuestras oportunidades. De ahí la importancia de la concepción del error y del fracaso. Si no intentamos algo, va a ser muy complicado que consigamos nuestros objetivos. Si lo intentamos, podremos optar a poder conseguirlo… pero ciertamente también podemos fallar. Fallar o errar no es algo agradable, pero forma parte del proceso de aprendizaje. ¿Acaso alguien comenzó a caminar y nunca se cayó?

Debemos naturalizar el error, no para banalizarlo o justificarnos a nosotros mismos, debemos hacerlo como parte real de nuestra existencia. Saber que podemos fallar ayuda a esforzarse para conseguir metas. Saber que podemos fallar nos recuerda que nos somos perfectos. Pero sobre todo, saber que podemos errar nos hace conscientes de que debemos intentar aquello que queremos conseguir independientemente de los posibles baches que podamos tener. Una buena concepción del error nos hace más sacrificados y consistentes. Nos hace tenaces.

¿Qué sensaciones nos produce fracasar?

El fracaso nos genera inseguridad, y ello hace temblar nuestros cimientos, pero conociendo su naturaleza seremos capaces de intentar y en ocasiones arriesgar para conseguir objetivos. El fracaso provoca miedo, y ya sabemos que la única manera de vencer a nuestros miedos es enfrentándonos a ellos. Podemos tener miedo a fracasar en nuestra relación sentimental, pero si no lo intentamos… estaremos fracasando de ante mano. Podemos tener miedo a fracasar en los estudios, en lo laboral… de la misma manera si no tratamos de conseguirlo jamás sabremos el resultado. Por ello el error es vital, y como encajarlo aún más. Ante un error solemos recurrir a la frustración, a la ira, pero en el fondo lo mejor sería recurrir a la autoevaluación. Ver qué ha ocurrido, dónde hemos fallado. Hacer autocrítica “sana”, y poder rectificar en futuras ocasiones es lo que generará crecimiento, no sólo en la actividad en sí, sino en lo personal al mismo tiempo.

Generalmente las cosas que merecen la pena tienen cierta dificultad. Y por tanto estamos condenados a poder errar (unas veces más, otras menos). Si no somos capaces de enfrentarnos a esas situaciones nunca podremos lograrlas, o lo que es más interesante: saber si podríamos haberlo conseguido.

No martirizar en el error cobra una dimensión especialmente importante. En la educación, en las primeras etapas de la vida. Hacer ver que es algo que sucede cuando se intenta algo, pero que es signo de valentía y voluntad.  De esta manera animaremos a que seamos conscientes de que el fracaso está ahí, pero quizás sea más fracaso aún no haber intentado lo añorado. Aceptar todo esto nos hará más conscientes y fuertes, pero sobre todo justos con los demás y con nosotros mismos.

 

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