La adaptación a un nuevo trabajo

Desde MA Psicólogos, especialistas en niños, adolescentes y adultos, vamos a hablar acerca de la importancia de saber adaptarnos correctamente a un nuevo puesto de trabajo.

Comenzar a trabajar en un nuevo puesto siempre supone un reto para cualquiera. Nuevo lugar, nuevos compañeros, nuevos jefes… Supone una situación que claramente nos genera mucha incertidumbre y nerviosismo. Sabemos que hemos sido seleccionados para ese puesto de trabajo, pero es fácil que dudemos de nuestras capacidades, sobre todo al principio, donde todo es novedoso. Nuestra sensación de control no suele ser en este momento tan poderosa como debiera y esto hace que a veces nos tambaleemos un poco a nivel de seguridad y confianza.

La primera variable que debemos trabajar es el tiempo. Es más que evidente que queremos estar  adaptados lo más rápidamente posible, pero aún así, la variable tiempo es determinante. No lo vamos a saber todo el primer día, ya que tendremos un montón de información, que no nos permitirá tener todo al 100% bajo control. Ser conscientes de que debemos darnos un margen para dominar nuestro entorno será clave para encarar de la mejor forma posible este proceso de adaptación.

Unido a esto está la variable esfuerzo. Puede que no sepamos completamente como desempeñar nuestro trabajo, pero hay algo que no puede ponerse en duda: nuestro esfuerzo. Será un factor importantísimo para lograr la ansiada adaptación, y tiene que ir unido a preguntar dudas, dar lo mejor de nosotros mismos y ser conocedores de la fase en la que estamos inmersos.

Tiempo y esfuerzo

Tiempo y esfuerzo nos ayudarán a encarar otras variables, como la de conocer a nuestros compañeros y superiores. Un factor que determinará nuestra relación con el entorno laboral. Si bien al trabajo no vamos con el objetivo de hacer amigos, resulta más que evidente que un clima de trabajo apropiado ayuda de forma increíble a ir motivados al mismo y rendir de mejor forma. Las relaciones laborales llevan un tiempo, y debemos darnos cuenta que somos nosotros quienes estamos siendo “los nuevos”. Por tanto debemos observar y aprender la forma de trabajar y relacionarse que hay en nuestro nuevo lugar de trabajo para adaptarnos de forma acertada. Conocer los criterios de producción, tipo de jefes, objetivos… suponen puntos clave para saber cómo debemos desempeñar nuestro puesto.

Con todo ello, debemos equilibrar dos fuerzas que suelen ir unidas al proceso de adaptación: la crítica y la autocrítica. Saber que podemos mejorar en ciertos aspectos nos hará mejores profesionales, y eso pasa por encajar bien las críticas, ajenas y propias. Una posible ayuda es tener la mente abierta, esto es saber que debemos aprender y que no conocemos todo. Nos ayudará a soportar nuevas situaciones, hacerse con ellas, tolerar la frustración… De nada nos vale estar a la defensiva y no aceptar nuestros posibles fallos. Nuestra autoexigencia debe ir de menos a más, pero sin superar los límites que a veces nuestra subjetividad impone sin piedad. Nuestra máxima debe ir encaminada a poder mejorar pero dando valor a lo que vamos consiguiendo.

En todo esto la variable ACTITUD es más que importante. Es lo que marcará la diferencia en este tipo de procesos adaptativos. Ante las dificultades debemos dar nuestra mejor cara, y no hay mejor reto que demostrar (tanto a los demás como a nosotros mismos) que podemos realizar un trabajo de forma adecuada. Puede haber momentos difíciles, problemas… nuestra actitud debe ir dirigida a la búsqueda de soluciones, no a inmortalizarnos en el problema. Si conseguimos trabajar todo esto, nuestra adaptación no sólo será mejor, sino que también acortaremos plazos de esa primera “variable tiempo” que comentábamos en un principio. ¿Te atreves a intentarlo?

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