¿Sabes cuáles son tus puntos débiles?

Desde MA Psicólogos, especialistas en niños, adolescentes y adultos vamos a hablar acerca  de la importancia y necesidad de conocer nuestros puntos débiles.

Todos tenemos puntos fuertes y puntos débiles. Hoy nos vamos a referir a los segundos. Sean muchos o pocos, todos tenemos características y variables que muestran nuestras flaquezas. A priori puede parecer poco saludable referirse a ellos, puesto que hablar de nuestras debilidades puede conllevar una carga afectiva negativa. Sin embargo aquí queremos dar un enfoque totalmente distinto. No se trataría de machacarse recordándonos este tipo de variables ni mucho menos. No tendría mucho sentido ya que evidentemente si lo hiciésemos de forma dañina no sería de ninguna ayuda.

¿A qué nos referimos entonces? Nos referimos a la importancia de conocer nuestras debilidades, concretamente refiriéndonos a variables de personalidad o características psicológicas. Si conocemos este tipo de características, resulta más que probable que podremos ponernos en marcha para mejorar en ellas. Es muy complicado mejorar en aquello en lo que no somos conscientes que hacemos mal. Así pues la primera parte de este ejercicio viene derivado de una autocrítica, eso sí, constructiva.

Si ponemos un ejemplo a otro nivel, como puede ser en el ámbito deportivo, se ve muy gráficamente: nos damos cuenta de que jugando al tenis no golpeamos bien a la pelota dándole de revés. Y como somos conscientes de ello, nos ponemos manos a la obra para mejorar, viendo la técnica, movimiento, practicando… Es un ejemplo muy simple, pero si conseguimos llevarlo a nuestro comportamiento, conseguiremos una perspectiva mucho más amplia. El principal problema es ser conocedores de nuestras debilidades de una forma constructiva, esto es, sin atacarnos. Resulta fundamental realizar una introspección profunda para concienciarnos de aquellos aspectos que nos lastran y que podemos mejorar. Si conseguimos ser conscientes de esto, estamos en el buen camino, y es el momento de buscar soluciones y mejoras. Si somos muy exigentes, o demasiado competitivos, malos perdedores o perfiles rencorosos… no hay que tomarlo con la filosofía de atacarnos, sino todo lo contrario. Sólo siendo conscientes de un fallo o error lo podemos solventar.

En ese momento debemos proponernos pequeños objetivos a corto plazo para trabajar en dichas variables. De nada nos sirve ponernos un gran objetivo a largo plazo, si no nos va a motivar. Debemos ser específicos y buscar mejoras en circunstancias cotidianas, momentos concretos y situaciones en las que, en el pasado, hemos caído en errores que nos han llevado a vivir momentos desagradables. La fórmula tiene que ver con mirar al pasado no para machacarnos, sino para extraer aprendizajes y no repetir ese tipo de errores en futuras situaciones. Todos cometemos errores, pero de nosotros depende no volver a hacerlo. Esa es la clave que determinará nuestra mejora, la actitud para tratar de fomentar un cambio en nuestras vidas, aunque sea con pequeños pasos. Paso a paso, situación a situación conseguiremos ir variando el rumbo de ciertas actitudes que no eran las más adecuadas. Por ello, valorar estos pequeños cambios es vital, ya que suponen ese impulso para seguir tratando de corregir aquellas debilidades que más lastran nuestras vidas. ¿Te atreves a intentarlo?

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