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Psicología infantil

El miedo a la desaprobación impide la comunicación en muchas ocasiones, por ello siempre hemos de premiar la sinceridad y transparencia aunque no nos guste lo que escuchamos.

Querer lo mejor para nuestros hijos no nos da en muchas ocasiones las herramientas necesarias para evitar un problema. Un padre o una madre no ha de saber, por mucho que quiera a sus hijos, diagnosticar o tratar el problema psicológico de un hijo.

No debemos sentirnos mal o incompetentes en nuestra tarea de padres porque percibamos que en nuestro hijo hay algo que va mal y no sabemos solventarlo. Problemas de atención, desobediencia exagerada, tristeza y apatía… hiperactividad. No olvidemos que por ser niños, no dejan de tener unas mentes complejas de comprender, igual que ocurre con los adultos.

No siempre es fácil pedir ayuda, y más si se trata de nuestros hijos; no queremos que se ponga en duda nuestra capacidad como padres. Pero pedir ayuda es una demostración de madurez.

No siempre que existe un problema se tiene la suerte de saber cuál es. En muchas ocasiones se sienten mal y se comportan en consecuencia sin saber qué es lo que les está haciendo actuar así. Quizá los padres no siempre estén preparados para afrontar la problemática de sus hijos, o quizá los niños no sienten que los padres les puedan comprender. Difícilmente se puede comprender a nadie si ni él mismo sabe qué le pasa o, de saberlo, cuenta con un lenguaje limitado, y de poder explicarse quizá no crea que nadie le pueda ayudar, incluidos sus progenitores.

Lo que es importante es aprender a escuchar a los hijos y saber valorar que ellos, aunque pequeños, también tienen sus preocupaciones que les hacen sufrir y a veces les cuesta expresar. El no sentirse comprendido es muy duro para cualquiera que lo esté pasando mal.

No es raro que un niño en la consulta te comente que su problema no se lo podía contar a sus padres porque ellos no lo iban a entender y además, se iban a sentir mal con él. El miedo a la desaprobación impide la comunicación en muchas ocasiones, por ello siempre hemos de premiar la sinceridad y transparencia aunque no nos guste lo que escuchamos.

Hay algunas pautas que nos pueden estar indicando que es momento de consultar con un profesional:

  • Problemas para que tu hijo acepte y realice las normas que se fijan en casa.
  • En la familia son más frecuentes las peleas que los momentos de relación relajada.
  • Si a familia atraviesa por un momento crítico: pérdida del trabajo, mudanza de vivienda, cambio de escuela, muerte de un familiar o alguien allegado, una enfermedad grave, separación de la pareja,…. prevenir incluso mejor que intervenir, es decir, cuanto antes captemos los cambios y acudamos al profesional, mucho mejor
  • Los profesores te comunican que tu hijo tiene problemas de atención o de comportamiento en la escuela
  • Problemas en las relaciones sociales, aislamiento social, peleas…
  • Si te sientes desbordado como padre o madre y estás en un punto que sólo utilizas el castigo, ya sea verbal o físico
  • Si se da una inquietud e hiperactividad excesiva
  • Tu hijo está deprimido o notas que le han dejado de gustar las cosas que antes le entusiasmaban
  • La conducta de tu hijo ha sufrido un cambio drástico de un tiempo a esta parte
  • No sabes definir cuál es el problema pero intuyes que algo no va bien y te sientes incapaz de ayudarle. No llegas a comprender o conseguir que se explique

¿Cuáles son los problemas comunes que sufren los niños?

Ante cualquiera de estas situaciones, cuando afectan al desarrollo normal de la convivencia de la familia, es muy aconsejable consultar con un profesional para que te ayude a descubrir las causas y superar la situación. Así, evitaremos un mayor número de problemas como los posibles conflictos de pareja derivados de las dificultades por las que a veces pasan los hijos.

  • Problemas de ansiedad, inseguridad, complejos o baja autoestima
  • Problemas de adaptación
  • Dificultad para afrontar adecuadamente un divorcio
  • Problemas de conducta
  • Miedos y fobias
  • Enuresis, micción nocturna y diurna o encopresis
  • Depresión o tristeza, falta de ilusión y espontaneidad
  • Desobediencia
  • Problemas académicos: falta de motivación, atención, concentración…
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