¿Sabes cuáles son tus puntos débiles?

Desde MA Psicólogos, especialistas en niños, adolescentes y adultos vamos a hablar de la importancia que tiene aceptar y reconocer nuestros puntos débiles.

Partimos de la base de que todos tenemos puntos fuertes y puntos débiles, o dicho de otra forma, virtudes y defectos. Es muy positivo saber cuáles son nuestros puntos fuertes, para desarrollarlos y utilizarlos en nuestro favor. Pero en la gran mayoría de las ocasiones, tratar el tema de los defectos o puntos débiles no es grato para nada.

Es curioso, porque normalmente se convierte en una situación un tanto extraña, pues en el fondo sabemos o intuimos nuestros puntos débiles, pero no trabajamos en ellos de forma directa. Debemos ser conscientes de nuestras cualidades, para bien o para mal, ya que eso contribuye a nuestro conocimiento personal. Conocerse a uno mismo es un requisito indispensable para mejorar, puesto que sabremos sacar el máximo partido a nosotros mismos en las diferentes circunstancias que se presenten.

Hoy no nos vamos a centrar en las virtudes, sino en los defectos. Es más que evidente que todos tenemos. A unos nos cuesta más y a otros menos aceptarlos, pero están ahí. En el momento en el que comencemos a reflexionar profundamente, comenzaremos a ser conscientes de ellos. Esto tiene una finalidad clara: si no sabemos cuáles son nuestros puntos débiles, es imposible trabajar en ellos para mejorar. Así pues, esa aceptación del defecto es imprescindible para plantearse cómo trabajar en sus soluciones.

La autocrítica como clave del éxito

Hay que entender esto como una autocrítica constructiva, nunca como algo destructivo e hiriente. Saber qué puntos débiles tenemos nos ayudará a plantear el foco sobre qué hacer para mejorar. A veces se ve bien con ejemplos deportivos: si nadie le dice a un joven futbolista que no golpea bien el balón con su pierna izquierda siendo diestro, no se parará a practicar con ella. Esto nos ocurre en la vida. De modo que tener en mente este tipo de cuestiones nos ayudará a poner cuidado y técnicas para mejorar. Si no somos conscientes de nuestra cabezonería o de nuestra rigidez, es muy complicado que haya mejoría en esos aspectos, y seguiremos viviendo las consecuencias de esos “lastres” que tenemos. Supone por tanto un aumento de perspectiva y de mentalidad positiva, puesto que terminamos aceptando y entendiendo que debemos perfeccionar ciertos aspectos.

Teniendo en mente todo esto, queda practicar en el día a día esas mejoras que nos hemos planteado. Ya sea mejorar en nuestra paciencia, en nuestro control de la ira o nuestro victimismo, el mero hecho de tener como objetivo superarnos, nos ayudará a saber más de nosotros mismos en distintas situaciones y por ende a tener más control en nuestras vidas. Más control significa menos incertidumbre y esto suele verse reflejado en presentar menos ansiedad. Esto no solo hará que valoremos este trabajo de forma personal positivamente, sintiéndonos mejor, sino que se verá reflejado en lo que los demás vean en nosotros.

Podemos seguir con los ojos cerrados ante nuestros defectos o tener una actitud activa en sus posibles mejoras y soluciones. Tú decides, ¿te atreves a intentarlo?

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