La buena predisposición como actitud vital

Desde MA Psicólogos, especialistas en niños, adolescentes y adultos vamos a hablar acerca de la importancia que tiene en nuestras vidas una buena predisposición.

La predisposición es, por definición, el ánimo o disposición para hacer algo antes de que sea el momento. Esto que puede no parecer gran cosa, tiene un montón de significados y repercusiones a lo largo de nuestras vidas, ya que en gran medida fomenta nuestra activación y actitud para afrontar aquello que venga. Suele ser común el tener una buena predisposición para aquello que tiene que ver con el ocio o lo que nos gusta. Sin embargo, que esto también se dé para las cuestiones más farragosas o que tienen que ver con obligaciones o situaciones no deseadas, no es tan frecuente.

En muchas ocasiones, sabemos de sobra lo que tenemos que hacer, sean tareas o acciones concretas y sin embargo postergamos dichas circunstancias hasta límites insospechados para finalmente tener que hacerlo de igual modo. Esto produce dos cuestiones a analizar: la primera tiene que ver con el sentimiento de culpa o responsabilidad al no realizar una obligación, y la segunda con el tener que disponernos a hacerlo de igual modo habiendo perdido un tiempo precioso. Cuando analizamos este tipo de situaciones nos damos cuenta (normalmente a posteriori) de que han sido las emociones quienes han propiciado esa postergación, que vista desde un plano racional pasa a ser vista como un sinsentido.

¿Conoces a alguien con mala disposición?

La predisposición adecuada a circunstancias relacionadas con las obligaciones ayuda de forma clave a su resolución y a algo más, a nuestro estado de ánimo y control de la situación. Porque tener una buena disposición anímica antes de afrontar un reto, sea cual sea su naturaleza, nos ayuda de forma determinante a tener una mejor perspectiva al respecto y por ende a analizar mejor qué y cómo debemos ejecutar nuestras acciones. Esto lleva un componente de aceptación de la realidad íntimamente relacionado, que nos hace entender la necesidad de enfrentarnos a cuestiones no deseadas de una manera más funcional.

Pero hay mucho más entorno a la predisposición. No es algo que sólo nos ayude de forma individual, y que además fomente nuestra sensación de utilidad y capacidad, sino que es algo muy obvio de cara a la visión que tengan los demás sobre nosotros. Si nos paramos a pensar todos conocemos a personas con muy buena o muy mala predisposición. No hace falta un gran análisis para darnos cuenta a quien preferimos para compartir nuestro tiempo. Es sabido que se produce cierto contagio emocional cuando estamos en situaciones grupales, y por ello, cuando nos rodeamos de personas positivas o con una buena actitud solemos sentirnos más a gusto. Un buen objetivo es fomentar que nosotros mismos seamos esa clase de persona. Conviviremos mejor con nosotros mismos y a la vez en sociedad. No siempre es sencillo, requiere un gran esfuerzo emocional. Ahora bien, este esfuerzo compensa con creces si lo analizamos de forma rigurosa. Venceremos cuestiones como la desidia, desgana o falta de motivación de una manera más clara, valorando nuestro tiempo de una mejor forma y haciendo posible que tengamos más para disfrutarlo en aquello que nos apetezca. ¿Te atreves a ponerlo en práctica?

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