Cómo reponerse de una discusión

Desde MA Psicólogos, especialistas en niños, adolescentes y adultos, vamos a hablar sobre cómo reponernos a discusiones o enfrentamientos de la mejor manera.

A lo largo de nuestra vida, todos vamos a experimentar situaciones tensas o enfrentamientos, sea con seres queridos o desconocidos. Sea una conversación subida de tono, una discusión o una disputa, este tipo de situaciones comúnmente nos alteran, e incluso afectan el devenir de ese día. Es bastante común que en esas ocasiones escuchemos a la persona afectada comentarios como “me quedó mal cuerpo” o “me estropeó el día”. Todo esto lleva aparejado una alteración emocional, donde la ansiedad y el estrés hacen acto de presencia.

No vamos a referirnos a cómo actuar durante ese tipo de circunstancias, sino que en este caso vamos al después. Es decir, es imprescindible reconducir de la forma más adaptativa y funcional la problemática, siendo lo más rápidos posible para recuperar nuestro nivel habitual. ¿Cómo? Para empezar debemos buscar perspectiva, esto es, tratar de ver las cosas objetivamente. Sin duda esto tiene que ver con analizar la situación, pero no de una forma emocional, sino racional. Aquí imperan los argumentos y las razones. Es el momento de ver qué ha ocurrido y sobre todo, qué gravedad tiene. Quizás habíamos dramatizado la situación o la habíamos llevado a la interpretación de un ataque que no había sido tal. En cualquier caso ese análisis lleva consigo el entendimiento y aceptación de lo ocurrido, algo determinante para dominar tal situación.

Seguido a lo anterior, debemos determinar la importancia que tiene la persona o personas que han intervenido en dicha circunstancia y si, realmente, merecen la relevancia que les hemos dado en un primer momento con nuestro disgusto o enfado. En ocasiones magnificamos los hechos de tal forma que terminamos haciendo una bola de nieve de algo que no lo es. De 0 a 10, ¿cuánta importancia le he dado a lo ocurrido en el momento? ¿Realmente tenía dicha importancia? Es en este momento cuando debemos darnos cuenta de que en la mayoría de ocasiones y debido a que somos seres emocionales, no vemos las cosas con claridad y estamos perdiendo el control de la situación. Hemos discutido con un conductor que se ha saltado un stop y estamos enfadadísimos. Es más, llegamos a casa alterados e incluso con cierta agresividad. En ese momento daríamos un 9 sobre 10 de importancia a la situación. En cambio si lo vemos con perspectiva o lo comparamos con un suceso como un accidente grave de un familiar… veríamos que ese 9 sobre 10 pasaría a ser un 1 o un 2, y que ciertamente el incidente sufrido por nuestro ser querido tiene indiscutiblemente la gravedad alta.

Debemos tener claras nuestras prioridades y saber qué tipo de acciones y sobre todo respecto a quién nos pueden afectar más o menos. No podemos controlar todo lo que pasa a nuestro alrededor, y a sabiendas de esa incertidumbre, al menos sería positivo tener en cuenta que nuestras reacciones sí están bajo nuestra acción. Relativizar la importancia de los problemas es clave para una correcta interpretación de la realidad, pero sobre todo para ser funcionales y adaptativos a la sociedad en la que nos encontramos. ¿Te atreves a intentarlo?

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