Cómo resolver conflictos donde nuestras emociones nos perjudican

Desde MA Psicólogos, especialistas en niños, adolescentes y adultos, vamos a hablar sobre cómo resolver conflictos donde nuestras emociones nos perjudican.

En algún momento de nuestras vidas nos vamos a encontrar con situaciones difíciles o conflictos donde vamos a tener que lidiar con nuestras emociones para llegar a soluciones. Rupturas de pareja, despidos, herencias… problemas donde hay una carga emocional alta que, en la mayoría de las ocasiones, no nos dejan pensar con claridad. Evidentemente que sean difíciles de resolver, no quiere decir que no hay que hacerlo; es más, de alguna manera,  nos vemos en la “obligación” de llevarlo a cabo.

Ante este tipo de circunstancias tenemos que, en primer lugar, centrarnos en la aceptación. Entender de una forma profunda y funcional la coyuntura en la que nos encontramos para a partir de ahí centrarnos en las posibles soluciones. Siendo conscientes del momento que vivimos, podremos trasladar la atención de los problemas a las soluciones, factor diferencial en el éxito del proceso. Esa carga emocional que caracteriza a este tipo de situaciones es la que suele bloquear la resolución de las mismas. Así pues, identificar dichas emociones nos ayudará a poder enfrentarnos a ellas. Una vez que esta parte esta clara, podremos centrarnos en la fase de racionalización, que consiste en pasar esa emocionalidad a la parte cognitiva a través, en este punto, de argumentos y razones. Hablamos por tanto de fomentar el control de la problemática ejecutando un buen análisis de la vivencia. Esto no quiere decir que el sufrimiento o el dolor al tratar estos temas desaparezcan. Lo que es evidente es que sí quiere decir que estamos más cerca de resolver el conflicto.

Conforme nuestra parte cognitiva se fortalezca en dicha situación, estaremos en mejor disposición de enfrentarnos con garantías al proceso de resolución. En el fondo, el objetivo básico es sacar adelante un problema. Un problema que nos está bloqueando y no deja que avancemos. La valentía consiste en eso, en abordar circunstancias negativas que nos desagradan para seguir con nuestras vidas de la mejor manera. Toca ahora por tanto disponer de una buena actitud, donde las maneras y las formas serán protagonistas en el desenlace final. Anticiparnos a posibles puntos complicados en el desenlace nos ayudará a tener salidas que puedan facilitar potenciales momentos de tensión.

Queda esa parte conductual en la que ejecutamos todo lo anterior, en la que nos reunimos con la otra parte del conflicto y ponemos en práctica todas las cuestiones comentadas. Nuestro lenguaje verbal y no verbal junto con la asertividad serán factores imprescindibles a tener en nuestro repertorio.

No podemos evitar situaciones difíciles siempre en nuestras vidas de forma que es mucho más adaptativo asumir la existencia de tales circunstancias y la necesidad de su tratamiento. Fomentará nuestra seguridad, confianza y autoestima, algo que nos hará sentirnos mejor con nosotros mismos y que afectará positivamente a cómo nos vean los demás. ¿Te atreves a ponerlo en práctica?

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