Síndrome del emperador, ¿qué es?

Desde MA Psicólogos Oviedo, especialistas en niños, adolescentes y adultos, vamos a hablar sobre el denominado “síndrome del emperador”.

Al síndrome del emperador se le ha dado nombre recientemente, pero lleva existiendo desde que el mundo es mundo, no es algo que haya surgido ahora.

Pero quizás lo interesante no sea el nombre ni la “etiqueta” en sí misma sino sus consecuencias y características, ya que los efectos sobre el buen funcionamiento del núcleo familiar pueden ser importantes.

Por definición cuando hablamos del síndrome del emperador nos estamos refiriendo a esos niños y sobre todo adolescentes que se caracterizan por manipular o tratar de dominar a sus padres.

Por supuesto, va mucho más allá de esto, ya que no suelen aceptar noes por respuesta y no destacan por su empatía ni por su inteligencia emocional, ya que ni expresan ni manejan correctamente sus emociones.

Claves para saber detectarlo

Podemos identificar estos perfiles cuando:

  • Detectamos insultos, faltas de respeto, violencia…
  • No acatan normas, ya que aparentemente los padres han perdido su autoridad.
  • Tratan de imponer qué se tiene que hacer y cómo.
  • Están única y exclusivamente centrados en ellos mismos y no admiten normas.

Los expertos, a través de numerosos estudios, coinciden en que en la gran mayoría de los casos, todo deriva de una mala praxis educativa.

Suele tener que ver con dedicar poco tiempo y atención a los hijos, que desemboca en concesiones de caprichos constantes.

Progenitores y educadores que en estos tiempos modernos, dedican mucho tiempo al trabajo, y bien sea por falta de habilidades o por culpabilidad, conceden de forma indiscriminada todas las exigencias al pequeño, que se ve como el centro del cosmos.

Así pues, no hay límites, y la autoridad se resiente duramente.

Llegando al punto de que para que no haya problemas, se hace caso al menor sin rechistar, creyendo que así el vínculo será mejor, y así todos estarán más contentos.

Esta sobreprotección es altamente peligrosa.

Las primeras medidas para buscar solucionar el problema que genera el síndrome del emperador son:

  • Poner límites
  • Debe haber normas
  • No deben tolerarse las mentiras.

En este sentido no pueden concederse todas las peticiones del menor, sobre todo cuando no se cumplen algunas de estas reglas básicas, que serán de crucial importancia para el desarrollo de la responsabilidad, tolerancia a la frustración, valores…

No se trata de que todo sean normas, pero sí de que haya límites bien establecidos que ayuden al hijo a identificar lo permitido, debe imperar la firmeza.

Así mismo, desde la más tierna infancia, se debe hacer hincapié en conceptos tan básicos como el altruismo, ya que la empatía es algo elemental. Aprender a reconocer las emociones, tanto propias como ajenas, poniéndose en el lugar del otro, desarrollando variables propias de la inteligencia emocional. Aquí entra en juego la forma de comunicarse, y el ejemplo de casa tiene un papel relevante. Comunicación funcional y sana, sin agresividad, basada en argumentos y razones, sin amenazas, donde los acuerdos lleguen de parte y parte, siendo el respeto la base.

La educación es una mezcla de firmeza y cariño, donde las posturas homogéneas y sin fisuras de los progenitores son clave, es muy importante que los progenitores y educadores vayan en la misma línea y actúen bajo consenso y haciendo equipo.

No por concederlo todo la educación será mejor… Debemos reflexionar sobre ello.

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