Desde MA Psicólogos, especialistas en niños, adolescentes y adultos vamos a hablar de forma minuciosa sobre los síntomas fisiológicos relacionados con la ansiedad.
La ansiedad es una respuesta psicofisiológica normal ante una amenaza real o percibida. Se activa principalmente a través del sistema nervioso autónomo —en especial su rama simpática— y del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, lo que produce una cascada de cambios corporales diseñados para preparar al organismo para “luchar o huir”. Cuando esta activación es intensa, frecuente o desproporcionada, aparecen síntomas físicos muy notorios. A continuación se presenta una descripción detallada y sistemática de los principales.
Sistema cardiovascular
Uno de los sistemas más afectados es el circulatorio. Son comunes la taquicardia (aumento de la frecuencia cardíaca), palpitaciones, sensación de latidos irregulares o fuertes en el pecho, aumento de la presión arterial y, en algunos casos, dolor torácico de origen muscular o tensional. También pueden aparecer mareos o sensación de desmayo debido a cambios en la distribución del flujo sanguíneo y en la respiración.
Sistema respiratorio
La respiración suele acelerarse (hiperventilación), volverse superficial o irregular. Esto puede provocar sensación de falta de aire, opresión en el pecho, suspiros frecuentes, sequedad en la garganta o nudo en la misma. La hiperventilación reduce el dióxido de carbono en sangre, lo que contribuye a hormigueos, mareo, visión borrosa y sensación de irrealidad.
Sistema muscular
La ansiedad genera aumento del tono muscular como preparación para la acción. Esto se manifiesta como rigidez en cuello, hombros, mandíbula o espalda; dolores musculares; cefaleas tensionales; temblores o sacudidas finas en manos, piernas o párpados; y sensación de debilidad por fatiga muscular sostenida. El bruxismo (apretar los dientes) también es frecuente.
Sistema gastrointestinal
El aparato digestivo es especialmente sensible al estrés. Pueden presentarse náuseas, sensación de estómago revuelto, diarrea o urgencia intestinal, estreñimiento, gases, distensión abdominal, acidez, reflujo, dolor epigástrico, pérdida o aumento del apetito y sensación de “mariposas” en el estómago. Esto ocurre porque el cuerpo desvía sangre del sistema digestivo hacia músculos y corazón.
Sistema neurológico y sensorial
Aparecen mareos, aturdimiento, sensación de inestabilidad, hormigueo o entumecimiento (parestesias) en manos, pies o cara, escalofríos o sofocos, sensibilidad aumentada a ruidos o luces, y visión borrosa o en túnel. Algunas personas experimentan despersonalización o desrealización —sensaciones de extrañeza corporal o de que el entorno es irreal— asociadas a la hiperactivación fisiológica.
Sistema endocrino y metabólico
La liberación de adrenalina y cortisol produce sudoración excesiva (especialmente en palmas, axilas o cara), piel fría o húmeda, rubor facial, boca seca, sed, aumento transitorio de glucosa en sangre y sensación interna de “alarma” o inquietud física intensa.
Sistema genitourinario
Es común la necesidad frecuente de orinar, dificultad para iniciar la micción en situaciones de tensión, alteraciones menstruales cuando la ansiedad es crónica y, en algunos casos, disminución del deseo sexual o dificultades en la respuesta sexual debido a la interferencia del estrés sostenido.
Piel y temperatura corporal
La ansiedad puede producir urticaria, picazón, empeoramiento de afecciones cutáneas (como dermatitis o psoriasis), sudor frío, manos heladas, escalofríos o sensación repentina de calor.
Otros síntomas físicos frecuentes
También se observan fatiga persistente, sensación de agotamiento tras episodios intensos, insomnio o sueño no reparador, bostezos frecuentes, nudo en el estómago o en la garganta, dificultad para tragar y sensación general de tensión corporal.
Nota importante
Aunque estos síntomas son característicos de la ansiedad, muchos de ellos también pueden aparecer en enfermedades médicas (cardíacas, respiratorias, endocrinas, neurológicas). Cuando son nuevos, muy intensos, persistentes o se acompañan de signos de alarma (dolor torácico intenso, pérdida de conciencia, dificultad respiratoria marcada), es fundamental buscar evaluación médica para descartar otras causas.

