La conciencia del deber

Desde MA Psicólogos, especialistas en niños, adolescentes y adultos, vamos a hablar acerca del deber.

Siempre se nos ha dicho que tenemos obligaciones (deberes) y derechos. Sin duda, nos atrae más la idea de tener ciertos derechos que la de tener que cumplir con la otra parte. Cuando hablamos del deber, hoy queremos hacer hincapié en esa suma de acciones que, sabiendo que debemos asumir y enfrentar, en ocasiones nos producen sentimientos encontrados que suelen generar malestar. La pasividad y la postergación son los grandes enemigos en este sentido.

Tener conciencia del deber

Es importante comenzar con la idea de tener conciencia del deber, esto es, ser conocedores  de qué cosas debemos cumplir. Es el primer paso para poder llevar a cabo las acciones, y que de alguna manera algo se despierte en nosotros para comenzar la acción. A algunas personas les cuesta iniciar la marcha de la actividad, a otras concentrarse, a otras enfrentarse… La cuestión, no es tanto eso sino aceptar que ese deber forma parte de una serie de responsabilidades ineludibles que vamos adquiriendo con el crecimiento, tiempo y madurez. Cuando somos niños, vivimos al margen de un montón de deberes que, con el tiempo vamos adquiriendo. Hay un momento delicado, en la adolescencia, que tiene que ver con querer tener los derechos de los adultos, pero sin los deberes de la etapa. Nos encontramos en algunas circunstancias con jóvenes que no son capaces de afrontar estas circunstancias de forma adecuada. Un buen fomento de la responsabilidad, paulatinamente desde la niñez, ayudará a llegar a este momento concreto con ciertas ventajas. No se trata de resolver todo a los jóvenes, puesto que más que una ayuda, estamos haciendo un flaco favor para el desenvolvimiento posterior en sus vidas. Es más interesante una enseñanza a la realización de esos deberes, que una ejecución en sí de los mismos. Por tanto y como de costumbre, una buena actitud será determinante para una motivación adecuada para lograr metas.

En el fondo se trata de eso, de ponerse metas adecuadas y alcanzables, de las que nos sintamos capaces de cumplir. Si esto es así, poco a poco veremos que nuestro esfuerzo tiene recompensa y que, aunque esos deberes no sean nuestras tareas más soñadas, forman parte de nuestra realidad. Es ese punto en el que debemos aceptar que la realidad se compone de obligaciones y disfrute, y que debemos afrontar las dos partes. Es más, ambas están íntimamente relacionadas, ya que es mucho más probable que podamos disfrutar del entretenimiento habiendo cumplido con nuestros deberes que sin haberlo hecho.

Todos percibimos esa sensación de deber en diferentes momentos de nuestras vidas. Organizarse de forma adecuada, tener la actitud para el afrontamiento y valorar lo conseguido nos ayudarán a ver que ciertamente no era para tanto, y que en ocasiones las mayores limitaciones nos las ponemos nosotros mismos. Si trabajamos en este sentido, es muy probable que no solo nosotros mismos nos valoremos mejor, sino que los demás también lo harán, ya que sencillamente verán nuestras acciones, nuestra proyección. ¿Te atreves a intentarlo?

 

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