Consecuencias de los actos

Desde MA Psicólogos, especialistas en niños, adolescentes y adultos vamos a hablar sobre cómo asumir las consecuencias de nuestros actos, específicamente de los errores.

No es algo deseado, pero todos alguna vez en la vida cometemos al menos un error. No hablamos de la intencionalidad del mismo, sino del acto en sí. El mero hecho de existir y tener que tomar decisiones y ejecutar tareas hace que, debido a que no seamos perfectos, podamos fallar. Así pues el error o fallo, está permitido. Es muy interesante aprender de estas situaciones con el fin de que no se repitan. Esto es lo que conocemos por experiencia, variable clave en nuestro aprendizaje.

Pero hoy no vamos a centrarnos en los errores per se, sino en cómo los asumimos y nos enfrentamos a ellos. Primeramente es interesante reflexionar que no nos resulta agradable encontrarnos en la postura de haber cometido un error. Puede darnos rabia, crearnos inseguridades, atacar a nuestra autoestima… Sea como fuere no nos gusta cometer fallos. Ahora bien, siendo parte de nuestra naturaleza, debemos saber cómo reaccionar.

Hemos fallado… ¿y ahora qué? Las posibles respuestas son muchas, desde no asumir el error, alegar que la culpa es de otro, aislarnos y mostrar hostilidad…O lo que comúnmente entendemos como mejor opción: asumir el error y reconocerlo. Como no es algo agradable y no nos gusta haber cometido dicho fallo, el nivel de reconocimiento del mismo se complica y otros factores como el orgullo o el ego en ocasiones nos impiden naturalizar dicho proceso. Pero si vamos un poco más allá, quizás sea posible engañar a los demás sobre lo acontecido, ¿pero a nosotros mismos?

La variable conciencia tiene mucho que decir al respecto, y sólo podrá estar limpia cuando aquellas cuestiones que dependen de nosotros han sido ejecutadas conforme a nuestros valores y forma de entender la vida. Conforme maduramos, nos damos cuenta que la asunción de errores forma parte del juego, y no sólo nos hace más fuertes, sino que a ojos de los demás seremos vistos como más responsables y serios.

¿Cómo es posible que nos vean más responsables al asumir un error, si en el fondo hemos fallado? Pues efectivamente, porque los demás saben a la perfección la imposibilidad de que lo hagamos todo bien, y a nivel confianza preferimos personas que asuman sus faltas a aquellas que las esconden o fijen en otros. Del mismo modo, asumir errores y reconocerlos nos naturaliza y hace que las relaciones sociales sean más sencillas, eliminando de la ecuación todas esas rencillas que suelen resultar de las discusiones.

Si cometemos un fallo, lo mejor es reconocerlo y subsanarlo, esto es, buscar soluciones al respecto. Puede que su asunción no sea lo más agradable…pero nos ayudará. Lo único que podemos hacer es fijarnos al máximo para eliminar las probabilidades de error… pero ya sabemos que no podrá ser al 100%. ¿Te atreves a intentarlo?

Deja un comentario

4 × tres =