¿Te quejas demasiado?

Desde MA Psicólogos, especialistas en niños, adolescentes y adultos, vamos a hablar sobre la queja persistente y sus desventajas.

Entendemos por queja esa reclamación o protesta que se hace ante alguien o algo a causa de un desacuerdo o inconformidad, normalmente debido a una actuación o comportamiento. Partiendo de esta base, y siendo sinceros lo cierto es que todos nos hemos quejado alguna vez de algo. Seguramente con razón en algunas ocasiones y más cuestionable en otras… La queja forma parte de nuestro entramado social.

Ahora bien, por nuestra experiencia, también somos conocedores de personas que, con un patrón consolidado de respuesta, tienden a la queja ante cualquier situación. Quejarse es lícito, faltaría más, pero quejarse siempre… suele tener detrás ciertas cuestiones a mejorar. La queja suele enmascarar la asunción y reconocimiento de errores propios, el echar la culpa a los demás, falta de madurez, ausencia de resiliencia, actitud derrotista y un largo etcétera. Y sobre todo, socialmente los demás detectan este tipo de respuesta, que no suele ayudar a la imagen que transmite la persona emisora.

La mesura como clave

Por tanto, un tema a destacar es la mesura en cuanto a la proyección de la queja. Es decir, entender selectivamente las situaciones que realmente merecen este tipo de acción, asumiendo que en muchas otras ocasiones la responsabilidad de lo que ocurre recae, aunque no nos guste, en nosotros mismos. De esta forma, cuando nos quejemos, realmente se tomará más en serio la cuestión a tratar. La experiencia es una gran baza para ayudarnos en este sentido, pues nos dota de habilidades y aprendizajes que hacen que asumamos de forma madura el peso de las circunstancias. Ligado a esto esta una de las variables con más peso cuando tocamos este tema, la autoestima. Esa percepción que tenemos de nosotros mismos se va fortaleciendo con el afrontamiento activo de situaciones (mayoritariamente poco agradables), que de otra forma no enfrentaríamos si la queja apareciese en escena con algún tipo de excusa por ejemplo. Sentirnos capaces de resolver una tarea o útiles en el sentido de servir para cualquier acción eliminan paulatinamente esa tendencia a la queja que puede arraigarse cuando tendemos a ciertas posturas derrotistas. El apoyo social siempre será otra variable que fomentará el fortalecimiento de esa valoración positiva de nosotros mismos.

Con todo ello, resulta especialmente interesante pararnos a reflexionar acerca de nuestro comportamiento en el tema que estamos tratando, la queja. Averiguar nuestra forma de actuación es primordial para ser conscientes de lo que podemos llegar a mejorar, esto es, una autocrítica constructiva. A partir de ahí tenemos mucho que ganar, no sólo desde la parte individual, que como hemos argumentado tiene muchas opciones de progreso, sino también en la parte social en cuanto a la visión que los demás puedan tener sobre nuestra persona. Ser capaces de asumir responsabilidades y tratar de resolver los retos afrontando activamente las circunstancias marcará la diferencia en nuestra forma de ver la vida. Se trata de hacerlo de forma constante y abierta, asumiendo que no siempre se tendrá éxito, pero que más que probablemente esa actitud nos llevará a una fortaleza que, sin lugar a dudas merece la pena. ¿Te atreves a intentarlo?

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