Tener las cosas bajo control

Desde MA Psicólogos, especialistas en niños, adolescentes y adultos, vamos a hablar sobre tener las cosas bajo control.

La necesidad control y la incertidumbre nos agobian y nos cortan las alas.

A todos nos gusta tener las cosas bajo control. Dominar situaciones, saber cómo actuar, qué hacer… En definitiva tener sensación de control.

Pero…no podemos controlarlo todo ¡sería imposible!

La incertidumbre forma parte de la vida y no siempre la sabemos gestionar, llegando a generarnos ansiedad, estrés y cambios en el estado de ánimo.

¿Qué podemos controlar realmente?

Nuestro radio de control queda reducido a lo que depende directamente de nosotros.

Lo que de nosotros depende nos da esa sensación de dominio que tiene mucho que ver con nuestras capacidades, sentimiento de utilidad, experiencias y autoestima.

Y… ¿qué ocurre con el resto de circunstancias que se nos escapan?

Tenemos que asumir que muchas cosas no están a nuestro alcance, y por tanto no podemos controlarlas como quisiéramos. Asumir la incertidumbre.

No decimos que no se pueda hacer nada, pero sí que el porcentaje no es el máximo y habrá que asumir la posibilidad de no dominar al completo la situación.

Esto, que parece muy sencillo,  no lo es tanto porque tiene que ver en con nuestro grado de seguridad y confianza para afrontar los retos vitales.

Pero así es, no tenemos el control y hay que vivir con ello de la forma más funcional que podamos, haciendo nuestra vida más fácil y ayudándonos al correcto análisis de cada momento.

Nuestra libertad está muy relacionada con esto, teniendo en cuenta que precisamente en muchas ocasiones nos auto boicoteamos sufriendo por cosas que no dependen de nosotros. Para ser libres hemos de fijar nuestra atención de forma activa en lo que nos compete, ser los protagonistas reales de nuestras vidas supondrá el cambio necesario para ello. Intentarlo, probar, asumir que avanzar, ir controlando más es cuestión de ensayos.

Sabemos que no es sencillo, pero sí muy básico para sentirnos bien, puesto que nuestros quebraderos de cabeza serán por situaciones donde poder centrarnos en las soluciones y dejar de lado pensamientos recurrentes sobre el  problema en sí.

Ocuparnos y no preocuparnos. Eso marcará la diferencia que puede contribuir a largo plazo en una vida mejor.

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