Ayuda psicológica para la ansiedad

Desde MA Psicólogos Oviedo, especialistas en niños, adolescentes y adultos vamos a hablar sobre qué es la ansiedad y cómo nos afecta.

La ansiedad se define como una respuesta anticipatoria de alguna amenaza (interna o externa), caracterizada por sensaciones afectivas de nerviosismo, tensión, aprensión y alarma, acompañadas de manifestaciones conductuales visibles (como la inquietud motora) y cambios fisiológicos  asociados a la hiperactivación del sistema nervioso autónomo (taquicardia, sudoración, etc.). Se trata de una respuesta adaptativa del ser humano, siempre que esta sea proporcionada al estímulo o situación que la desencadena. Sin embargo, a veces, este mecanismo no funciona correctamente y en lugar de ser una ayuda, nos incapacita. Si esta señal se prolonga sin causa aparente, esta alarma nos está avisando de que hay algo que afrontar y cambiar en nuestras vidas.

Cómo nos afecta la ansiedad

Nos afecta de varias maneras, pero si nos referimos al plano físico, podemos resaltar síntomas como la taquicardia, la falta de respiración, sudoración, tensión muscular, sensación de mareo, nudo en la garganta o estómago, falta o exceso de apetito, hormigueo en las extremidades, náuseas… Cada persona suele tener su propia sintomatología y es muy importante que la conozca de cara a interpretar de la mejor manera dichos signos.

En cualquier caso este tipo de sintomatología física no surge “por arte de magia” y para que llegue a darse (en la mayor parte de los casos) debemos ser conscientes de la parte cognitiva, esto es, de los pensamientos. Hablamos de pensamientos negativos asociados a la anticipación del futuro, con miedos e incertidumbre. Son por tanto pensamientos negativos, de carácter catastrofista, que dificultan nuestra atención y concentración, donde puede existir una recurrencia a que aparezcan los propios síntomas físicos. Conllevan una sensación de pérdida de control, factor clave de este trastorno. Estamos refiriéndonos a pensamientos que surgen ante situaciones que deberían entenderse como naturales y asumibles, pero que sin embargo nos generan emociones negativas y disfuncionales.

Todo esto se traduce habitualmente en que conductualmente evitemos ciertos estímulos, lugares o relaciones sociales. En lugar de afrontar la situación se tiende a la evitación constante, perpetuando la existencia de la alteración de ansiedad. Una especie de bucle donde en ocasiones se fomentan comprobaciones constantes, miedos…

Si algo debemos promulgar es el conocimiento e identificación de toda esta sintomatología, tanto física como cognitiva. El objetivo viene dado por recuperar la sensación de control y aceptar las circunstancias, entendiendo de forma consciente que es el afrontamiento la parte esencial, no sólo en el plano conductual, sino en la parte cognitiva y física. No se trata de evitar los pensamientos, sino de saber abordarlos de una manera adecuada para su cuestionamiento racional, buscando soluciones en lugar de vueltas a los problemas. Por tanto, conseguir perder el miedo a su aparición es determinante, a sabiendas de tener las herramientas necesarias para enfrentarse con éxito a la problemática.

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