Desde MA Psicólogos, especialistas en niños, adolescentes y adultos vamos a hablar sobre la importancia de permitirse “estar mal” para poder buscar soluciones a nuestros problemas.
Desde el punto de vista psicológico, permitirse estar mal es un paso necesario para poder empezar a estar mejor. En una sociedad que suele valorar la productividad, el optimismo y la capacidad de seguir adelante incluso en momentos difíciles, podemos llegar a interpretar emociones como la tristeza, la frustración, el miedo o la ansiedad como algo que debemos eliminar rápidamente. Sin embargo, intentar evitar constantemente el malestar puede terminar prolongándolo. Aceptar que estamos pasando por un momento complicado no significa resignarse ni quedarse atrapado en él, sino reconocer la realidad emocional desde la que podemos empezar a actuar.
Cuando una persona se permite estar mal, deja de invertir tanta energía en luchar contra lo que está sintiendo. Intentar convencernos de que “no pasa nada”, obligarnos a estar bien o esconder nuestras emociones puede generar una segunda fuente de sufrimiento: no solo nos encontramos mal, sino que además nos sentimos culpables por estarlo. Esta lucha interna puede aumentar la tensión emocional y dificultar la comprensión de lo que realmente necesitamos. En cambio, reconocer pensamientos como “ahora mismo estoy triste”, “esto me ha superado” o “necesito tiempo para asimilarlo” permite establecer una relación más amable y realista con nuestras propias emociones.
Además, las emociones desagradables cumplen una función psicológica. La tristeza puede señalar una pérdida que necesitamos elaborar; la ansiedad puede indicarnos que percibimos una amenaza o que existe algo que nos preocupa; la frustración puede mostrarnos que una situación no está respondiendo a nuestras expectativas; y la rabia puede aparecer cuando sentimos que se han vulnerado nuestros límites. Escuchar estas emociones no significa obedecerlas automáticamente, sino intentar comprender qué información contienen. A menudo, detrás de un malestar emocional existe una necesidad, un conflicto o una situación que requiere nuestra atención.
Permitirse estar mal también favorece una mayor claridad para buscar soluciones. Cuando intentamos resolver un problema mientras negamos o reprimimos lo que sentimos, podemos tomar decisiones precipitadas simplemente con el objetivo de dejar de experimentar malestar. En cambio, cuando aceptamos temporalmente nuestras emociones, podemos observar la situación con mayor perspectiva y preguntarnos qué está bajo nuestro control, qué necesitamos cambiar y qué podemos aprender de lo ocurrido. Primero podemos reconocer el problema y después buscar estrategias para afrontarlo.
Esto es especialmente importante porque aceptar no significa pasividad. Existe una diferencia entre decir “estoy pasando por un momento difícil y necesito permitirme sentirlo” y pensar “como estoy mal, no puedo hacer nada”. La aceptación emocional constituye el punto de partida para la acción, no su sustituto. Podemos estar tristes y, al mismo tiempo, pedir ayuda; podemos sentir miedo y comenzar a enfrentarnos progresivamente a aquello que nos preocupa; podemos estar frustrados y buscar alternativas. No necesitamos sentirnos completamente bien para empezar a hacer cambios.
También resulta fundamental abandonar la idea de que todas las emociones negativas deben tener una solución inmediata. Hay experiencias, como una pérdida, una ruptura, un fracaso o determinados cambios vitales, que necesitan tiempo de adaptación y elaboración emocional. En estos casos, buscar rápidamente una solución puede convertirse incluso en una forma de evitar el proceso emocional. Algunas situaciones no necesitan ser solucionadas inmediatamente, sino primero comprendidas, aceptadas y atravesadas.
Por otra parte, permitirse estar mal facilita pedir ayuda. Reconocer que no podemos con todo reduce la necesidad de mantener una imagen de fortaleza permanente y nos permite compartir lo que nos ocurre con personas de confianza o, cuando sea necesario, con un profesional de la salud mental. Pedir ayuda no implica incapacidad, sino reconocer que determinados problemas pueden requerir recursos que no tenemos disponibles por nosotros mismos.
En definitiva, estar mal no es necesariamente un fracaso que tengamos que corregir cuanto antes. El malestar forma parte de la experiencia humana y, en muchas ocasiones, constituye una señal que nos invita a detenernos, comprender qué está ocurriendo y revisar nuestras necesidades. Paradójicamente, cuanto menos luchamos contra la obligación de sentirnos bien inmediatamente, más posibilidades tenemos de empezar a construir una respuesta saludable. Permitirse estar mal significa concederse el espacio necesario para reconocer lo que sentimos; buscar soluciones significa utilizar esa comprensión para decidir qué podemos hacer a partir de ahí. Aceptar la emoción no significa quedarse en ella, sino dejar de luchar contra su existencia para poder empezar a afrontarla.
