Consecuencias de una relación tóxica

Desde MA Psicólogos, especialistas en niños, adolescentes y adultos seguimos con el tema del post anterior: las personas tóxicas, enfocado hoy a cómo nos afectan estas relaciones tóxicas, qué nos puede generar tener una y cómo podemos afrontarlas.

En algún momento de nuestras vidas, todos «corremos el riesgo» de tener una relación con una persona (bien sea amistad, familia, noviazgo…) que no sólo no sea positiva, sino que nos desgaste emocionalmente, que sin saber muy bien cómo termine por arrastrarnos a un aparente pozo sin fondo.
Nos encontramos ante relaciones destructivas y poco saludables en las que podemos caer por distintos motivos.

No sólo entran en juego las características de la persona tóxica, sino que nuestro momento vital y personalidad tienen que ver, y en ocasiones tener un perfil dependiente puede facilitar caer en este tipo de relaciones.
Si tenemos tendencia a la sumisión, sensibilidad, culpabilidad o vulnerabilidad, debemos estar atentos. No debemos suplir nuestras carencias con el afecto de otros, más si cabe cuando las personas tóxicas, que se rigen por ser egoístas y narcisistas por definición, nunca nos corresponderán por mucho que les demostremos.

Las falsedades suelen ser parte de este tipo de relaciones, así como el derrotismo y victimismo por parte de la persona tóxica, que demandará más y más atención a cambio de nada.

La persona tóxica intentará alejarte de tu mundo

Todo esto nos lleva en multitud de ocasiones a vernos en una especie de todo o nada, donde tememos que la persona se enfade con nosotros o la relación se rompa por cualquier motivo, por nimio que sea.
Desde fuera esto se puede ver con relativa facilidad, pero desde dentro se complica. Tratarán de alejarnos de nuestro entorno.

Para evitar estas relaciones tóxicas, o al menos poner límites suficientemente fuertes para que no nos perjudiquen, debemos empezar por no tolerar manipulaciones y control. Van a intentar alejarnos del resto de personas, ya que la exclusividad forma parte de las variables intrínsecas de este tipo de personas. Si no toleras esto, fácilmente comenzarán chantajes emocionales, infravaloraciones y desprecios. Debemos estar alerta a esto y no aceptarlo bajo ningún concepto.
También suelen ser comunes los estallidos de ira o «mal pronto», de forma que se tiende a tratar de no decir nada que le moleste con el fin de no vivir esos desagradables episodios. Así el tóxico se fortalece y tienen control de la situación mientras la otra persona se siente culpable.

Rodéate de gente positiva

Ese control y posesividad son características determinantes para identificar este tipo de dinámicas tóxicas. No perder contacto con otros amigos, familiares o compañeros, nos ayudará a no tener este tipo de relaciones.

Fortalecer nuestra autoestima es primordial para no ceder a cualquier precio. No hay nadie indispensable, y las personas que nos hieren no deben estar por norma en nuestras vidas.

No hay que tener miedo a estar solo.

Sólo si llegamos a ser funcionales en esto podremos diferenciar objetivamente el tipo de relaciones que queremos tener.
Valoremos a las personas que suman, que nos ayudan, que nos valoran… ¡Es esencial!

Si nos dejamos llevar por personas tóxicas terminaremos por perder paulatinamente energía, son una especie de ladrones de vida. En esa pérdida de energía aparece ese enganche que nos dificulta la salida, nos atrapan.

Ya tenemos las herramientas para diferenciar estas relaciones, es el momento de analizar con detenimiento dichas variables y no permitirnos a nosotros mismos tener relaciones de esta índole. ¿Te atreves a intentarlo?

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